06 junio, 2013

Comenzar de nuevo - Parte III

Viene de acá
-  -  -

Luego de imaginar lo peor, simplemente decidí no darle más largas al asunto, tomé mi celular y fui hacia  la aplicación del correo electrónico,  abrí el mail  con todo el temor del mundo  y comenzaba como siempre comenzaron sus conversaciones:
"hola, cómo estás?...."
Mi corazón latía como siempre que recibía algo de ella, no importara que fuera una llamada, un correo, una mirada, un beso, siempre lograba hacer latir mi corazón. Me sudaban además las manos, era incontrolable.  Continué leyendo y como si fuera un viejo amigo, solo me escribía  diciendome que me había pensado, que quería saber de mi, si estaba bien de salud o si por el contrario esta se había deteriorado. Pensé que tal vez ella tenía un sentimiento de culpa y quería comprobar que no hubiera muerto por su amor luego de tanto tiempo. No entendía para dónde iba y por qué preciso, en este momento volvía a aparecer en mi vida.

Las cosas en Francia iban bien, estaba en un proceso de selección para trabajar en el área de TI para una aerolínea, era un proyecto de SAP y no habían encontrado a nadie luego de mucho tiempo buscando. Me ofrecieron algo como para empezar y luego de unos meses, si el proyecto salía adelante me vincularían de lleno.

Estuve pensando qué responderle, mi vida no era la más exaltada allá y su recuerdo aunque había pasado tanto tiempo, aún seguía rondando en mi cabeza, sobre todo en las noches de invierno. Abría la ventana y como alguna vez lo relaté, salí al balcón bebí whisky y recordé... Pensé mucho qué escribirle, pensé mucho si responderle, pensé en todo lo que había pasado y no quería volver a caer. Era una protección natural, ya había sufrido lo suficiente y aunque me encontrara tan lejos de su aroma, allí seguía su recuerdo.

Encendí mi computador,  ese eterno momento en que enciende el bendito Windows... Abrí de nuevo mi cuenta de correo y volví a leer cada una de las palabras que me envió.   Creo que quería sentir cada letra tecleada, quería entender todos los posibles motivos que se me había n ocurrido podían estar pasando por su mente para tener el valor de volver a aparecer.

"Hola Clara,..." comenzaba mi carta. Había recordado mientras  todo esto sucedía que ella no sabía nada, completamente nada de mi. No sabía que estaba tan lejos y mucho menos todo lo que había pasado para estar donde estaba. Me levanté, le di una vuelta a la fría habitación, volví a servir otro trago de whisky y me senté de nuevo en frente de ese computador. Decidí que iba a ser lo más sincero posible con ella, luego de un saludo casual comencé a relatarle que me había ido hacía mucho tiempo del país y que las cosas no habían sido fáciles al comienzo, había comido mucha mierda y  finalmente la vida había girado a mi favor y las cosas estaban comenzando a cambiar para mejorar. Además le conté de mi forma de vida y que estaba compartiendo apartamento con una hermosa argentina que tenía un lindo apartamento cerca a lugares maravillosos de París  y que en parte ella había sido un ángel para mi.

Finalicé el correo como si le escribiera a algún amigo más, diciendole que esperaba que todo andara bien por donde se encontrara y que le enviaba muchos saludos y abrazos. Frío, calculador y medio cruel.

Tal vez cuando uno escribe nunca calcula el tono de las cosas como podrían ser leídas, y a pesar de mi neutralidad cuando desperté en una helada mañana parisina tenía un correo  de vuelta de su parte. No se imaginan, lo abrí sin pensarlo mucho y con una sonrísa lo comencé a leer:
"Hola, cómo vas?..."

1 comentario:

  1. ¿¡Pero y qué es lo que quiere!?
    Mucho trabajo ha costado salir del mierdero y ahora aparece como si nada? Como si fueran los mejores amigos?
    ¡Vieja loca!

    ResponderEliminar