13 enero, 2011

Desde la clínica...

El corazón había comenzado a molestar hace no mucho tiempo, pero no era el tiempo sino lo fulminante que se estaba volviendo cada latido que perdía su fuerza. Todo era culpa de un mal congénito, cosas que la ciencia aún no se explica. Ahora y desde esta cama, oyendo el "bip" intermitente de esta máquina que espía mi triste corazón, miro al cielo, lo único que me permite ver la ventana desde esta posición horizontal en la que  estoy desde hace más de una semana y media. Estoy consciente que el tiquete de este viaje por la vida se estaba agotando y pronto tendría que irme...

Entra alguien, siento sus pasos, me encuentro de espaldas a la puerta  y ya la energía no me permite ni siquiera tener la curiosidad por saber quien era, pues tu, la única persona que esperaría que me visitara no tendría por qué saber que estoy aquí. Entrecierro los ojos para que quien haya entrado vea que estaba dormido, en realidad no  estoy como para recibir ninguna visita. 

Luego de 10 minutos con los ojos cerrados siento cómo los pasos de nuevo se alejan por el corredor por el que habían llegado. Vuelvo a abrir los ojos y la ventana es de nuevo mi refugio, las nubes forman distintas figuras y cada una me recuerda los sueños que habíamos construido y que al final terminaste evadiendo y construyendo una vida de amargura por miedo a enfrentar una tormenta que se veía pequeña al lado de una eterna felicidad...

Imaginé levantándome y saliendo por esa puerta, recorriendo la ciudad hasta la puerta de tu casa y allí por fin, luego de todos estos años de infelicidad y sufrimiento por las injusticias de la vida (o tus malas decisiones) verte de nuevo abrir esa puerta y mirarme a los ojos con esa sonrisa pícara que dejabas escapar al sentir mi aroma, mirar en el fondo de mis ojos "tristes" ... Malditos cables, esta puta realidad que me ata  y me mata en esta cama de hospital, que me ató y me mató desde el momento en que no fuimos más tu y yo...

Se me fue el aire, me llevé las manos al pecho. Dolía intensamente, y yo solo pensaba en que me perdí ese último  abrazo.

Comencé a ver todo borroso, no podía mantener mis ojos abiertos y los pocos instantes que veía de nuevo el mundo hacia afuera sufrí una última ilusión, te ví entrar. Dios eras tu, realmente eras tu, mi cuerpo no aguantaba más y a tus palabras "qué te pasó" simplemente respondí "Tu... solo tu"

Se me fue el alma, se me fueron las fuerzas, se me fue la vida... Te AMÉ

4 comentarios:

  1. Amores que matan , diría yo ... pero también hay amores que sanan :)

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  2. Pocas palabras, solo me encantó!!!!!!!!!!!! :*

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  3. A veces las únicas personas que nos pueden salvar, son las últimas que llegan al encuentro. Que triste.

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