19 junio, 2013

Reencuentro con la realidad - Parte III

Viene de acá
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Al aeropuerto. Ya había terminado todo lo que iba a hacer de mi trabajo y podía marcharme lejos. Lejos de sus mentiras, lejos de su cobardía para afrontar la realidad y decirme que yo no era el único hombre en su vida.

Hice todo el trámite de cambio de tiquetes y mientras eso sucedía, recibí cinco llamadas desde el celular de Clara, recibí mensajes y correos electrónicos como si en verdad estuviera desesperada por verme.

Llegó la hora de irme de Buenos Aires, rumbo a mi realidad y sin pronunciar palabra, conmigo mismo y mis pensamientos alrededor del tema, partí.

Fue un largo vuelo, eterno y con escalas.

En Francia me esperaba Andrea, quería que le actualizara de noticias, ella quería saber qué había pasado con Clara en Buenos Aires, si la había visto y si habíamos podido aclarar todo lo que había sucedido en nuestras vidas  desde esa última vez que nos habíamos visto en el aeropuerto. Pero no, nada de eso había ocurrido, le conté de regreso a casa, todo lo que había sucedido, el bar, el nuevo novio y todo lo que yo pensaba sobre todo esto. Andrea notó que eso me había destruido y que ella debía hacer algo.

Llegamos a la casa, estaba muerto por el viaje largo y la pensadera que me tenía tan consumido.

Un nuevo amanecer apareció por la ventana, a mi lado, en esa misma cama abrazados  habíamos amanecido junto con Andrea, ella había escuchado toda la noche mi lamento. Me di la vuelta y ella aún dormida la miré. Ella lucía distinta, o tal vez mi mirada había cambiado y yo tenía para ella otros ojos, no quería que fuera solo una salida al engaño que había recibido, pero este momento se podía prestar para todo.

Me levanté de la cama sin despertarla y me metí al baño, me arreglé y salí a trotar con el equipo completo (mis audífonos puestos y  muy buena música, porque al final, la música debía siempre sonar más duro que este problema en el que yo solo me había metido).

Una hora de ejercicio, volví al apartamento y allí Andrea ya tenía un desayuno delicioso listo para los dos. Revisé mi correo y tenía varios mensajes de Clara pidiendome una hora y un lugar, es más, en Argentina apenas estaría amaneciendo y ella había escrito toda la noche. Cerré mi celular y me fui al comedor del apartamento. Desayunamos con Andrea en silencio,  mirándonos como si algo también hubiera cambiado para ella,  había demasiada tensión para ser un simple desayuno. Algo definitivamente había cambiado.




14 junio, 2013

Reencuentro con la realidad - Parte II

Viene de acá
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Pasé justo por el lado de la mesa tan pronto llegó la persona que estaban esperando. El nuevo novio se levantó de la mesa y sin querer, pero con ese sentimiento por dentro que ocurriera, golpeé sin querer el hombro del sujeto. Me dí la vuelta, lo miré con todo el odio que emanan mis ojos cuando sienten ira y fuego interno. Le dije, lo siento y antes que mis sentimientos reaccionaran, en ese instante de razón me di la vuelta  y salí por la puerta del bar, a la que me dirigía desde que me levanté inicialmente.

Yo se, puede ser un acto de cobardía, pero sabiendo lo que ella siempre  detestó de mi fueron esos celos, ella, aunque no me reconoció (y hasta ahora podría enterarse) yo se que entiende que me hubiera podido dar la vuelta y atacarlo hasta acabarlo, pero no, yo era otro tipo, ese que ella estaba perdiendo en ese momento. Yo era más que eso.

Me puse los audífonos de mi iPhone, puse música y caminé hasta la estación del subte (metro). Mil y unas veces  pensé en ese beso que se dieron frente a mi...

(No la conseguí para insertarla, pero si la oyen o la saben acá sonaría Pensamientos de Electro dub tango)

Una y otra vez me cuestioné si había sido o no la reacción ideal. Mi mente daba cientos vueltas sobre el mismo tema, con lágrimas en mis mejillas que se fundían con las gotas que comenzaban a caer caminé. Llegué al hotel luego de un trayecto colmado por imágenes irreales que iban y venían.

Ahora qué debía hacer, Clara iba a aparecer en el hotel al día siguiente y yo ya no quería verla a los ojos y que tuviera ese descaro de mentirme con el amor que decía sentir por mi, yo no quería enfrentar esa realidad. Necesitaba pensar, las cosas habían sucedido muy rápido y  aunque nuestra realidad no era esa, yo estaba ahí, pero mi realidad estaba a miles de kilómetros. Ya tenía una vida armada, un plan que debía seguir y eso tenía que sacrificar mi pasado con Clara.

Sábado. Amaneció sobre Buenos Aires y yo no había pegado el ojo. Pensé durante toda la noche qué excusa darle para evadir sus mentiras, yo sabía que ella lo primero que me iba a decir era que me amaba y que nunca me había sacado de su corazón ni de su mente, pero en ese momento yo sabía que era falso. Bajé , tomé un ligero desayuno, troté un rato en el gimnasio del hotel, subí, me arreglé y a media mañana bajé al lobby del hotel, hice el check-out con mis maletas armadas y tomé un taxi con rumbo...

13 junio, 2013

Reencuentro con la realidad - Parte I

Viene de acá
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Clara sospechaba que yo llegaba el domingo a BsAs, yo había llegado el viernes anterior. Dentro de los correos que nos habíamos cruzado le había sacado a ella el lugar donde vivía y el sábado me había puesto a la tarea de ubicar el bloque de apartamentos y la ubicación del sitio que ella me había dicho. Dentro de mi, sentía que algo no estaba bien.  Me planté frente a su edificio desde muy temprano en una tienda que era perfecta para esperar a que apareciera. Entraba y salía mucha gente y de Clara nada.  Hacia las 6 de la tarde y cuando ya comenzaba de nuevo a llover, ví como salía un grupo de gente, vi a Jimena, la hermana de Clara  y tras de  ella una pareja abrazada. Era Clara, con un tipo.

Decidí que debía seguirlos, salieron caminando rumbo a un bar que quedaba algunas cuadras arriba. caminamos como unos 20 minutos y ellos entraron. Yo esperé y decidí entrar, me senté en la barra, de espaldas a la mesa donde ellos se habían sentado, quería escuchar. De repente el tipo con el que iba Clara se levantó de la mesa a la barra y justo a mi lado pidió varias cervezas para todo el grupo que iba con ellos. Me miró y sin sospechar quién era yo, solo asintió en sonreir cuando yo lo volteé a mirar con mi cara de rencor. Parecía un tipo agradable, pero coquetón como todos los argentinos. Le coqueteó a la bartender y volvió a su mesa.

Charlas pendejas iban y venían de todos los que estaban en esa mesa. A mi me interesaba era lo que hablara Clara, pero ella no decía mucho, de reojo veía que estaba como pensativa y mirando de más su celular. Tal vez esperaba un correo mío.

De repente el tipo con el que ella iba, le besó su boca y se fue para el baño del bar. Yo me levanté y me fuí detrás. entré  al orinal y lo escuché a él hablando por celular con alguien a quien esperaban, le daba indicaciones. Mientras lavé mis manos y el man salió del baño. Me senté en otro sitio del bar, para poder observar mejor y  ver en qué momento podía llegar a la mesa de Clara, que abriera esos ojos. Me imaginé cual excusa podría darme para lo que estaba viendo. Ella y su novio. Me imaginé todo, la cara de la hermana, la reacción que podría tener el nuevo novio (que vale la pena aclarar, no me daba ni al hombro de altura).

Pedí otra cerveza y tomé mi celular,  abrí la aplicación del correo y le escribí: "Hola, llego mañana a Buenos Aires. ¿Cómo y dónde nos vemos?"

10 minutos después vi como ella sacó su celular, leyó el correo y me respondió: "En qué hotel te vas a quedar? quieres que vaya hasta allá? Muero de ganas de verte".

Me levanté de la mesa, tomé un trago más de cerveza y con una firme convicción atravesé el bar...

12 junio, 2013

Comenzar de nuevo - Parte IV

Viene de acá
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Y luego de  ese saludo tan característico, una seguidillas de preguntas acerca de Andrea. Tan solo la había  mencionado como parte de alguien que se había cruzado en mi vida como una salvadora y ahora, quien sabe qué escena de celos tenía montada en la cabeza. "¿y quién es Andrea?, ¿Qué tal lo hace? ¿mejor que yo?..." y así una cadena de inseguridades que sin razón se fueron convirtiendo en un problema que no quería que creciera en su mente. Respondí el correo aclarándole que ella y yo no teníamos nada, que tan solo era una vieja, muy churra por cierto, que tuvo a bien ayudarme en los momentos más complicados que había vivido yo en Francia y que de no ser por ella, yo me habría consumido en un pasado y en un presente del que ya tenía que salir luego de tanto tiempo. Ahora las cosas iban a mejorar y no había sido gracias a Clara, pero si gracias a ese ángel que Dios me había enviado gracias a Andrea. Tal vez me interesaba poco lo que Clara pensara en estos momentos, pero al parecer todo lo que yo le dijera sobre Andrea, iba a ser mal interpretado, pero para voltear la cosa, le pedí que me contara todo lo que había pasado con ella en Argentina, cómo iba la vida, el estudio y si salía con alguien (mordiendomen los labios de la curiosidad), respuesta que obviamente ella evitó enviar, me contó sonbre su estudio y su estilo de vida, sobre sus salidas y sus amigos. Nada sobre alguien en su corazón o que le moviera la vida. 

Los correos en mis tardes europeas iban y volvían más que en las mañanas. Era cuestión de tiempo para que volvieramos al chat. 

A mi me contrataron en la aerolínea y pasaron varios meses trabajando fuertemente (y en los que seguimos enviandonos correos con Clara) y por cuestiones laborales comencé a viajar gracias a la oportunidad que me ponía en la vida. Los primeros fueron alrededor de Europa, eran viajes cortos, de mucha producción laboral y que comenzarían a arrojar grandes resultados. Los siguientes serían a Sur América. 

Ya perdí la cuenta de cuantos correos nos habíamos enviado, tan pronto le conté que iba para Argentina, ella quiso agregarme inmediatamente de nuevo al chat, pero yo no se lo permití, tal vez quiso que organizaramos para vernos. Yo iba por cuestiones laborales y aunque podría cuadrar para vernos, tenía un gran temor de volverla a ver. Era una cita que nos debíamos, lejos de todo y de todos los que nos habían querido separar, pero a pesar del tiempo y de la distancia, el miedo era inmenso.

Recuerdo que hice maletas una tranquila noche de primavera, una noche en la que llegó un correo de Clara diciendome que teníamos que vernos, que ella iría donde yo estuviera y que por favor cuando la viera le regalara un abrazo.

El itirenario era de arriba a abajo por Sur América, primero volví a mi país, luego crucé por los vecinos y luego de una semana en más de 6 ciudades diferentes, llegué al maravilloso Buenos Aires. Yo me quedaría en un lujoso hotel de la ciudad y era lo único que Clara sabía, lo que yo me había encargado de difuminar/embolatar era la fecha de arribo.  Fue por pura protección natural. Quería hacer algunas cosas antes de organizar que nos vieramos, pero sería inevitable el reencuentro.